2022

 

Aunque ya sea 2023, he decidido hacer un post de mi año 2022. Creo que intentar hacer un pequeño análisis retrospectivo me ayudará a situar mi vida, sobre todo si en un futuro me da por leer como estaba en el pasado. Ha sido un año complejo, con cosas muy buenas, y con cosas, muy malas. Ha sido el año en el que he sido padre de nuevo. Mi hija Izel nació en noviembre. Aún no he escrito sobre ella, en primer lugar, porque no me veo con tiempo, y en segundo, porque no me veo capaz de hablar aún con la profundidad que el tema requiere.

También ha sido el año en el que alcancé mi teórica cota laboral superior. Llegué a catedrático tras mucho trabajo y dedicación. Tras robar muchas horas de mi tiempo a otros aspectos de mi vida, como la familia, conseguí alcanzar ese punto laboral tan codiciado y deseado. Podría hablar mucho sobre mi trabajo, pero el resumen final para mi es que ha sido una sensación agridulce y con una intensa sensación de no estar en el lugar adecuado. De sufrir una enorme ansiedad por no creer estar a la altura de lo que se espera de «ser catedrático», de sentirme un auténtico inútil e idiota ante los avances tecnológicos que me adelantan por todos lados y a velocidades de infarto, y que no me veo capaz de controlar. De la incapacidad de tener tiempo para ponerme al día en estos avances sobre los que en el fondo pivota mi trabajo. De la incapacidad de dar a basto con todo. De la reciente sensación de que todo se escapa a mi control. De mi «exagerada» incapacidad de concentración, en términos generales, pero sobre todo en el trabajo. Algo que, resumiendo, derivó en muchas visitas al psicólogo, al psiquiatra, y a tratar de entender en que punto estoy física y psicológicamente y cuál es mi límite. El año, derivado de estas visitas, en la insistencia por parte de mis psicoterapeutas de hacer mindfulness, algo que no he conseguido todavía entender o apropiarme de su valor, y a acabar solucionándolo con un tratamiento farmacológico, que tomo de forma intermitente, bajo un diagnóstico de TDAH en adulto. Un tema que como el de mi hija quizás requiera de su propio post y que, si me veo con fuerza y con ganas más adelante, hablaré de ello.

Ha sido el año de las pérdidas. En primer lugar, de la pérdida de mi tío. Mi primera pérdida de un familiar tan directo siendo plenamente consciente, adulto. No he podido aún acostumbrarme a la idea de la muerte de esta forma. Yo, que tanto he escrito sobre ella. La muerte no ha dejado de rondarme, en forma de pensamientos, desde entonces. Miedos irracionales que se han exacerbado de manera ilógica, dando lugar a innumerables vigilias. A pensamientos oscuros y desagradables que se cuelan en mi cabeza, sin quererlo, sin desearlo, y que no te puedes sacar de encima. Esos pensamientos intrusivos que no hacen más que amargarte y generar un ambiente gris a tu alrededor.

Las pérdidas del año no se han limitado a las asociadas a la muerte. Ha sido el año de las pérdidas de las amistades. No en términos generales, y no todas, pero si en el que alguna, se ha perdido de forma irremediable, posiblemente para siempre, y otras, están en ese estado de latencia, característico de lo que, aunque sigue vivo, no lo parece. Quizás, ese estado de latencia en el fondo es culpa mía. Es muy fácil echar balones fuera y culpar a otros. Pero, sea como sea, es la realidad: mi círculo de amigos se ha visto tan reducido y estrechado, que a veces me parece inexistente. La necesidad que toda persona tiene de socializar, a veces la veo relegada a irme yo solo a tomarme una cerveza con un libro, que se ha convertido, lamentablemente, en mi principal vía de escape, junto con la obligación psicológica de tocar la guitarra. Algo a lo que me he obligado y en la que llevo unos meses inmerso, con escasos avances reales por mi falta de tiempo para practicar. Y siendo además esta falta de tiempo para practicar algo que me ejerce una enorme presión psicológica sobre mis capacidades. Mis capacidades generales para la música. Mis capacidades para organizarme y precisamente dedicarle tiempo a la práctica. Y mis capacidades en la gestión del rumbo que lleva mi vida, como derivada más profunda.

Esa falta de amistad que comentaba en el párrafo anterior ha hecho precisamente que 2022 se haya convertido en el año donde retomo la lectura como elemento paliativo de la carencia de amistades que suplan algunos de mis vacíos. Donde retomo lo que para mí siempre ha sido una enorme pasión y que había dejado de hacer… no se aún porqué. He retomado tratar de leer cuando puedo, cuando me apetece. Muchas veces, como digo, para paliar esa soledad que antes solían cubrir las amistades. Ha sido un año fructífero: he leído varios libros, me he salido un poco también de la tipología de novela que leía (histórica) para adentrarme en otras (la mayoría best-sellers, lo reconozco), y he disfrutado de nuevo del placer de leer. Por si a alguien le interesa, al final del post dejo los libros que he leído este año (al menos los que he apuntado – tengo un listado de los libros que voy leyendo, aunque no lo actualizo todo lo regularmente que debería, asi que podría haber varios que no estén apuntados -).

En cierto modo relacionado con la lectura, 2022 también ha sido el año de mi fracaso personal en tratar precisamente de escribir. Aunque mucha gente me ha animado a escribir pues les ha gustado lo que escribo aquí, nunca me he visto capacitado al final para escribir lo que realmente me gustaría escribir: una novela, un ensayo… mis mayores capacidades literarias se relegan a este blog, y a algo que muy poca gente conoce y sabe: relatos eróticos. Pero ese, es otro tema, mucho más delicado, precisamente porque lo que he escrito en esos relatos escapa a lo que la sociedad aprobaría. Algo que encaja en cierto modo con parte de lo ya descrito, y de lo que voy a comentar a continuación.

Y es que, 2022 también ha sido un año de profunda reflexión personal. Por diversos motivos, que no me apetece contar ahora mismo, me he visto obligado en múltiples ocasiones a reflexionar sobre quien soy, y como soy, y como esto afecta a otras facetas de mi vida. Como afecta a los demás, sobre todo a quien se presupone que más me quiere. Sigo con un debate interno muy profundo sobre esto. Es una reflexión compleja, con muchas variables, que encima cambian según el momento personal en el que uno se encuentra. El debate pivota fundamentalmente sobre si uno debe ser como le sale, como aparentemente su interior le dicta, o si debe adaptarse. Todos tenemos pensamientos o visiones que otros considerarían oscuras, fuera de lugar, irracionales, asociales. Al final, las pautas que marca la sociedad no son más que unas directrices muy generales sobre las que la mayoría nos vemos reflejados, pero eso no quita que haya muchas otras facetas, muy personales e individuales, y fuera del contexto social, que son las que nos definen. Reflexiono mucho, muchísimo, últimamente, sobre este asunto. Sobre la ligereza con la que tratamos la vida. Sobre la fuerza que ejercemos para realizar presión social sobre quien no sigue unas teóricas pautas establecidas, cuando realmente, en el fuero interno de cada uno de nosotros, somos los primeros que tenemos que callar, pues ese pájaro azul que tenemos dentro, aunque no le dejemos salir, es el que nos marca las pautas de quien somos.

Este 2022 también ha sido un año marcado por la lucha que supone mantener una relación. Ha sido el año en el que, al nacer nuestra hija, Laura y yo nos hemos dado cuenta de que 1+1 no son 2. De que todo se incrementa de manera, casi exponencial. Ha sido el año en el que empezamos (y digo precisamente empezamos porque soy consciente de que esto no ha hecho más que empezar) a darnos cuenta de que formar una familia implica una serie de enormes sacrificios. Sacrificios, que, por cierto, gracias a mis suegros, que se merecen el cielo, se pueden llevar mejor muchas veces. Somos afortunados realmente de tener su ayuda. Este año ha marcado nuestra relación y la ha puesto a prueba en numerosas ocasiones. Pruebas que de momento vamos sorteando. En el fondo, para mí, y esto es una visión extremadamente personal, creo que una relación funciona si ambos se dan cuenta de la imposibilidad de la perfección. Las relaciones perfectas, no existen. Son una quimera. Todo lo que parezca una relación perfecta, en mi opinión, es una mentira. Nuestras imperfecciones y las de nuestra pareja, y la capacidad de ambos de adaptarse a las del otro, e incluso de hacer de ellas un elemento importante en la relación, son las que hacen que una relación pueda ser, si no perfecta, la mejor posible. Los cuentos de hadas solo existen precisamente en los cuentos. La realidad es mucho más dura, y querer vivir en un cuento, es no querer vivir en el mundo real.

2022 ya quedó atrás. Ahora, a mirar hacia adelante. El tiempo que nos quede.

Solo para acabar: publico este post, que había comenzado a escribir hace unas semanas, el día que cumplo 10 años con mi mujer. Y se que ella no necesita que le dedique todo un post, porque ella sabe que lo que tenemos, va más allá de esto. Pero aún así. Te quiero.

Lista de libros leídos en 2022:

  • El mercader de libros – Luis Zueco
  • El castillo – Luis Zueco
  • La ciudad – Luis Zueco
  • El monasterio – Luis Zueco
  • La muerte contada de un sapiens a un neandertal – Juan Luis Arsuaga y Juan José Millas
  • Reina Roja – Juan Gomez Jurado
  • Loba negra – Juan Gomez Jurado
  • Roma Soy Yo – Santiago Posteguillo
  • Todo Arde – Juan Gomez Jurado
  • No mires debajo de la cama – Juan Jose Millas
  • La llama de Focea – Lorenzo Silva
  • La ladrona de huesos – Manuel Loureiro
  • El cirujano de almas – Luis Zueco
  • Desde la sombra – Juan José Millas