Californication

Vi esta serie hace 10 años. Sé que fueron 10 porque hace poco me acordé de un vídeo que había subido a mi canal de YouTube. Y justo hace 10 años que subí dicho vídeo.

El caso es que me entraron ganas de verla de nuevo. Y la estuve viendo hasta hoy, que la he terminado. Las series, al contrario que en general los libros, no me suele disgustar verlas de nuevo. Además, últimamente, y aunque esto seguramente sea sacrílego para los cinéfilos (de hecho, hace poco Berto Romero comentó en Nadie Sabe Nada que era una herejía hacer esto), tiendo a «escuchar» casi más que ver las series. Las pongo mientras cocino o hago otras cosas, con los cascos, y casi me guío más por el contenido auditivo que por el visual.

Ya en su momento recuerdo que la serie me pareció muy interesante, por mostrar una especie de apología por lo socialmente diferente. Casi se diría que representa una especie de proselitismo sobre lo socialmente inaceptable: beber, drogarse y follar (mucho, y muy variado). Volver a ver esta serie ha hecho que emerja en mí de nuevo esa creciente necesidad de escribir, pero también de leer. Llevo los últimos meses leyendo más (de lo que ha sido lo habitual en los últimos años) y, sobre todo, de más variedad. Tengo una interminable cantidad de libros comprados o descargados en mi ebook que aún no he empezado. Y he empezado a hacer eso que nunca me ha gustado: leer varios al mismo tiempo.

Como parte de esa lectura y relacionado con la serie, me he vuelto a meter de lleno en Bukowski. Californication tiene una profunda inspiración en lo que sería la vida de Bukowski. Hasta el propio nombre del protagonista es un claro guiño hacia Bukowski. Más allá de las innumerables referencias que aparecen de forma directa en la serie. Mi lectura actual se ha centrado en tratar de leer algunas de las obras más «clásicas» o influyentes del propio Bukowski. De hecho, me he comprado varios de sus libros por Wallapop.

Cuando leo a Bukowski, igual que cuando veía Californication, siento que algo se remueve dentro de mí. Es algo muy difícil de explicar: porque me costaría encontrar las palabras y porque me costaría que no se malinterpretaran. Solo sé que es el tipo de contenido que algún día me gustaría poder escribir. Reflejar y mostrar aquello que entra en la marginalidad de lo social. Lo que a otros les daría miedo escribir. O leer. Lo diferente.

Confío en que 2026 sea más fructífero en lo referente a la escritura. Entre otras cosas.